lunes, 23 de mayo de 2011

Fotografíando al Azor: Así se hizo



Cuando nos decidimos a intentar la fotografía de este ave tan misteriosa y complicada, no sabíamos que nos costaría tanto lograrlo y las satisfacciones que nos ha producido tantos meses después de empezar. Al principio estábamos algo perdidos sin saber como empezar. Ponerse a pie de monte a rastrear con la intención de ver a esta rapaz tan fugaz y sutil nos parecía poco menos que imposible. ¿Cómo íbamos a encontrar así por la buenas a un ave que basa su vida en pasar desapercibida entre lo más denso del dosel forestal?. Así que con estas incertidumbres, muchas ganas y mucha desorientación, nos decidimos por realizar una planificación ordenada que luego ha resultado clave en el éxito de esta empresa tan compleja.

Los pasos que nos marcamos fueron:

1.- Elección de una zona del bosque, bastante densa, muy apartada del tránsito humano y que se mantuviera con muy poca actividad forestal.

2.- Rastreo de la zona siempre al amanecer, en silencio absoluto. Momento en que el azor suele emitir su reclamo tan característico: Sonoro, lento, en un grave cacareo “caiá-caiá-caiá...”.

3.- Una vez oído el reclamo (si el azor vive en la zona no es difícil oírlo en el silencio del bosque al alba) ir detectando su zona de caza y campeo, y con paciencia la zona de anidamiento.

4.- Los azores nidifican en los árboles grandes y altos sobre los 10 metros de altura o más. Y pueden tener más de uno que usan todos los años.

5.- Ya demarcado su territorio, con la zona de nidificación (aún vacio) proceder a fijar una zona para instalar el hide, posadero, etc.

6.- Elección de una zona donde colocar nuestro sitio fotográfico. Ni muy lejos del nido para evitar que el azor no venga nunca. Ni muy cerca para evitar molestar a las aves en esta época tan importante de su vida.

7.- La zona a elegir debe cumplir los requisitos normales para cuando buscamos un sitio donde colocar un bebedero o comedero. Buena orientación de luz, espacio suficiente entre los árboles, etc.

8.- Además, tuvimos en cuenta la existencia de material caído leñoso y vegetal cercano para usarlo en la construcción del hide y posadero. Es mejor disponer de suficientes ramas y troncos caídos cerca para no trabajar sin necesidad acarreando peso por todo el pinar.

9.- Una vez seleccionada la zona. Construcción del hide lo más mimético y natural posible. Colocación de un posadero y un bebedero.

10.- Y ya está. Solo esperar a que llegara la época de cría, para comenzar a rellenar el bebedero siempre por la noche. Y empezar a entrar al hide para las primeras pruebas. Entrando siempre antes del amanecer. Para evitar molestias a las aves.

Con esta planificación, que seguimos al pie de la letra, nos pusimos manos a la obra a primeros de febrero, echando muchas horas y días en blanco, poco a poco y con mucha paciencia.

La zona de fotografía la dispusimos formada por el conjunto de un hide fijo, un bebedero y un posadero.

El hide lo construimos basado en un pequeño árbol caído que levantamos de lado y sujetamos con dos grandes ramas terminadas en horquilla, clavadas en el suelo. Así ya se formaba un espacio que fuimos recubriendo con ramas secas, hasta formar una especie de iglú vegetal. Una vez construido lo forramos por dentro con tela marrón de la que se usa en jardinería para evitar que salgan malas hierbas en el jardín. Sujeta a las ramas por dentro con bridas finas de color negro. Con algunas pinzas de la ropa terminamos de retocarlo.

Vista frontal del hide:



Vista trasera:



Puerta lateral:



Detalle del interior:



El bebedero se construyó con un plato grande de plástico verde de los que se usan para macetas. Con capacidad para 10 litros de agua. Semienterrado en el suelo simulando una charca.

Y el posadero un pequeño tronco, lo más natural posible, con ramas en forma de trípode que lo levante de forma estética del suelo.

Conjunto de hide, charca-bebedero y posadero:



Para completar todo se dispone de conejos o codornices (que mantenemos congelados en casa) con pelo y plumas, para animar a que el azor se acostumbre a una zona de comida y agua en su territorio de campeo.

Así entrando muchos fines de semana, al principio viniéndonos con la cámara sin hacer ni una sola foto, ni tan siquiera ver al ave. Hemos ido poco a poco acercándonos hasta el momento de poder fotografiar a la rapaz a una distancia de unos 8 metros del hide.



Debemos indicar que, al igual que todas las rapaces, son en extremo desconfiadas y listas. El mínimo movimiento del objetivo. Un ruido, un chasquido de una ramita, es suficiente para que levante la vista y en menos de un segundo desparezca en la espesura sin volver a verlo ya en todo el día.

Esperamos que os haya gustado nuestra pequeña aventura, y sirva a los que deseen intentar este tipo de fotos, por lo menos de inspiración y fuente de ideas.

Muchas gracias a todos por vuestro comentarios amigos.

Hasta la próxima.